MIÉRCOLES 26 DE MARZO DE 2014

JANE EVELYN ATWOOD

La fotógrafa estadounidense afincada en París llegó a la capital francesa en 1971. Cinco años más tarde realizará sus primeras fotografías sin ningún tipo de formación previa. Aquella joven americana se sintió pronto fascinada por la gente extraña que se cruzaba en algunos barrios. Su primer trabajo se centraría en las prostitutas de París, un mundo al que se aproximó de la mano de una meretriz, Blondine. Según reconoce Jane, su curiosidad no estaba exenta de miedo. Cada noche durante un año retrató lo que sucedía en un edificio donde tenían lugar los encuentros entre prostitutas y clientes. Con el tiempo, conseguiría incluso fotografiar lo que sucedía en el interior de las habitaciones. Nadie hasta entonces había llegado tan lejos, un talento que fue reconocido por la Agencia Magnum, de la que Jane no había oído hablar hasta entonces. Esta forma de trabajar la ha acompañado toda su vida: para profundizar en la historia real tienes que acercarte hasta su intimidad. Este mismo espíritu la guiaría en su segundo trabajo acerca de los niños ciegos, que arranca en 1979, pero sobre todo de la que, en palabras de la fotógrafa, es “la historia más triste que ha contado nunca”. En 1987 comenzó a fotografiar a un enfermo de SIDA, el primer paciente en Europa que se mostró de forma pública en un momento en que el continente sentía horror ante esta lacra desconocida, incomprendida y silenciada. La autora explica que son muchos los que afirman que Jane Evelyn Atwood es una activista de los derechos de las mujeres o de los enfermos de VIH, aunque ella tan sólo se siente testigo privilegiada de estas historias. En el caso de Jean-Louis, sintió la necesidad de poner rostro a los enfermos que padecían esa enfermedad. Durante 9 meses convivió con Jean-Louis, que había contraído la enfermedad 3 años antes y, de forma incomprensible, sobrevivía sin tratamiento a base de medicamentos para dolencias comunes. Durante ese tiempo compartió casi las 24 horas del día con él retratando su día a día. “No puedes ser sentimental, tan sólo mostrar la realidad tal cual es, aunque sin insistir en el drama”. El definitivo ingreso de Jean-Louis en un hospital marcaría a Jane: primero dejó de fotografiarle cuando sintió que se repetía y no mostraba nada nuevo, pero volvió a hacerlo con la intención de mantenerle con vida. A finales de 1987, Jean-Louis falleció. No obstante, poco antes de morir pudo ver el reportaje que la revista francesa Paris Match le dedicó. Fue la primera vez en Europa que se ponía rostro a un enfermo de SIDA. La fotógrafa que siente fascinación por los excluidos, emprendió entonces un trabajo al que ha dedicado 10 años de su carrera: Women in prison. A su indignación inicial al serle denegado el permiso para entrar en las cárceles para hombres, le sucedió un sentimiento de vergüenza cuando constató que nadie había contado antes la realidad de las cárceles de mujeres. Durante los últimos años Jane Evelyn Atwood ha recorrido numerosas prisiones femeninas de todo el mundo (Francia, Europa del Este, Rusia, Estados Unidos…). En todas ellas hizo la misma observación: son centros especialistas en humillación en lugar de en la reeducación de las mujeres que, en la mayoría de los casos, cumplían condena por causa de los hombres (por intentar salvar sus vidas o salvaguardar las de sus hijos). Todas estas historias crudas que relata Jane han contado siempre con el consentimiento expreso y por escrito de sus protagonistas para poder publicar esas fotografías.

MESA DE EXPERIENCIAS

Juan Carlos Tomasi, Médicos Sin Fronteras

El fotoperiodista de Médicos Sin Fronteras (MSF) expone el doble uso de las fotografías dentro de la organización: transmitir información y realizar campañas. El fondo documental de la organización a través de los reportajes continuos que realizan permite contar con un potente archivo para la realización de las campañas. Según explica Tomasi, en MSF todas las fotografías pasan por los filtros del respeto y la sensibilidad y todas las personas que aparecen firman una autorización sobre el uso que se hará de dichas imágenes.

Toni Segarra, *S,C,P,F …

El reconocido publicista arranca su intervención puntualizando que “fotografía social” no es sólo aquella que hacen o utilizan las ONG sino cualquier imagen que persigue un fin social. En la sociedad de consumo en la que vivimos todos tenemos una responsabilidad social. Como ejemplo, Segarra trae a colación la revista Colors, lanzada en 1991 y editada por Benetton. La publicación pretende hablar sobre “el resto del mundo” desde la visión del prestigioso y polémico fotógrafo Oliviero Toscani y del director de arte Tibor Kalman para “mostrar el mundo al resto del mundo”. Segarra explica que Toscani es un fotógrafo provocador que trabajando para una marca comercial como Benetton introduce temas de debate social (la religión, los refugiados, etc.). El carácter social de la revista se va haciendo más explícito a medida que los números avanzan. Según Segarra, Colors es una gran muestra de trabajo social aunque su pretensión sea naif ya que, en los tiempos que corren, es inviable que exista la opacidad de las marcas. Los nuevos medios de comunicación de masa, como las redes sociales, han creado la necesidad de que las marcas se expliquen y digan a los consumidores cuál es su opinión del mundo.

Josep Giralt, Fundación Vicente Ferrer

El responsable de Comunicación de la Fundación Vicente Ferrer hace un repaso de la evolución del uso de la fotografía en el Tercer Sector. Giralt explica que, en el siglo XX, las imágenes utilizadas carecían de rigor informativo y tan sólo nos mostraban a menores escuálidos y desnutridos en una suerte de “pornografía humanitaria”. Eran los tiempos en los que asistíamos impasibles a una pérdida de la dignidad humana en aras de la audiencia. Y, lo más importante, no se hacía ningún tipo de reflexión sobre las causas de la pobreza. Todo comienza a cambiar en la década de los 80 con la entrada de los códigos deontológicos en las ONG, que rechazan las imágenes de estereotipos dando voz a los que no la tienen y devolviéndoles la dignidad que les corresponde. Ya en la década de los 90 se introducen la corresponsabilidad Norte-Sur, los conceptos de la igualdad de género y los derechos humanos y la participación y la acción colectiva que sustituirán a la exclusiva finalidad recaudatoria, la visión cortoplacista, el enfoque paternalista con respecto al Sur, así como su imagen pasiva. Josep Giralt finaliza su intervención con una frase del maestro de periodistas Kapucinski: “Para ser buen fotoperiodista hay que ser buena persona”.

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