JUEVES 27 DE MARZO DE 2014

MUGUR VARZARIU

El fotógrafo de origen rumano arranca su intervención con una alusión al trabajo de su colega Jane Evelyn Atwood, que había tomado la palabra el día anterior en las I Jornadas de Fotografía Social: no es indispensable poseer la trayectoria profesional de la americana para crear algo diferente que muestre los asuntos que nos importan. Él mismo es la prueba de ello, ya que su carrera como fotógrafo se inició hace apenas cuatro años. A continuación expone su trayectoria hasta llegar a ese cambio radical de vida. Su padre luchó contra el comunismo y, desposeído de su documentación por las autoridades, tuvo que empezar de cero. Mugur fue un niño que cuidaba de sus amigos y que tuvo siempre inquietudes en la escuela. Con la caída del comunismo en Rumanía en 1989 se marcha a Italia y Francia en un viaje por Europa para descubrir por sí mismo los valores universales que hasta entonces tan sólo había leído en los libros. De vuelta a su país, se graduó en Economía y cursó un MBA en Rumanía y estudió Leyes durante tres años. Casado desde hace 15 años y padre de dos hijos, Mugur trabajó durante 15 años en grandes empresas llegando a ocupar puestos de responsabilidad en el ámbito del marketing y creando su propia empresa. En 2006, Varzariu comienza a escribir artículos de temática social y política sobre su país, un punto de inflexión que en 2010 le llevaría a abandonar el mundo corporativo y embarcarse en la aventura fotográfica. Su trabajo se ha centrado en los problemas inherentes de Rumanía, el país más pobre de la Unión Europea: segregación, prostitución, exclusión, acceso a la educación, minorías… Desde que comenzó su trabajo como fotógrafo, su relación con las autoridades ha sido tensa. Varzariu emprendió una cruzada personal en Baia Mare, una barriada en la que el alcalde tenía la intención de construir un muro de vigilancia para segregar a una parte de la población. Además de a través de sus fotografías, Mugur escribió una carta abierta en uno de los principales periódicos de Rumanía para denunciar la situación y pedir a las ONG locales que tomaran cartas en el asunto. Lamentablemente, a día de hoy nadie ha hecho nada. Para el fotógrafo, se trata de una prueba más del alto grado de corrupción que afecta a las organizaciones sociales en su país. Durante 2 años, Mugur documentó la situación en Baia Mare, sin conseguir una sola fotografía de derribos. El mismo día en que el fotógrafo se ausentó del terreno, empezaron los desahucios, algo que han conseguido paralizar por ahora. “Al final de mis días no querré ser recordado como el mejor fotógrafo del mundo, sino como un ser humano decente”, afirma rotundo Varzariu. En este sentido y de forma irónica, ha querido agradecer a Sarkozy su decisión de dar 300€ a cada inmigrante rumano presente en Francia para retornar a Rumanía porque esto le hizo ser consciente de la realidad que no muestran los medios: ellos vienen de un lugar que es el infierno y este infierno está en Europa. Él mismo reconoce que, de no haberse dedicado a la fotografía, hubiera abandonado su país. Pero gracias a ella, entendió que no tenía que marcharse lejos para encontrar historias que contar. Reivindica que no todos los rumanos son gitanos (término que rechaza), al tiempo que trata de explicar el drama de su país: Rumanía es un país que, para explicarse a sí mismo, debe comenzar por decir lo que no es. Y lanza una crítica: los rumanos son prisioneros de sus políticos y él ha llegado muchas veces antes que las autoridades a problemas que atañen a su país, como el caso de Baia Mare, y las ONG a remolque de su trabajo. Mugur Varzariu ha recibido numerosos reconocimientos por su trabajo en Baia Mare y es invitado habitual en foros de la ONU, el Banco Mundial y centros educativos de su país.

MESA DE EXPERIENCIAS

Juan Alonso, Fundación Vicente Ferrer

El documentalista de la Fundación explica que la organización siempre ha apostado por la fotografía y, desde hace 15 años, lo ha hecho de la mano del Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya (IEFC). Juan Alonso afirma que “a nivel interno, hemos mantenido muchos debates que nos han permitido madurar fotográficamente”. Para ilustrarlo, muestra ejemplos del uso de la fotografía en la FVF: e-mailings, revistas, noticias en la página web, galerías de imágenes, memoria de actividades, folletos de captación, folletos de herencias y legados, páginas interiores de publicaciones como la revista o la memoria anuales y redes sociales. En todos estos ejemplos se observa que en la FVF fotografía y diseño trabajan conjuntamente, se refuerzan, y en la selección de las fotografías existe una inevitable intencionalidad. En 2009 la Fundación se propone el reto de ir más allá de la foto-noticia: realizar un reportaje de la India rural a través de las mujeres y su realidad cotidiana. Así nace el proyecto “Mujeres, la fuerza del cambio en la India”, una exposición itinerante que cuenta la historia de 7 mujeres de la India rural de la mano del fotógrafo Albert Uriach, con la edición de Llorenç Raich y Juan Alonso y el soporte del departamento de comunicación de la FVF dirigido en 2009 por Inés Milá. Estas fotografías conforman un relato visual con las mujeres como protagonistas. A través de su día a día se registran aspectos culturales y sociales representativos de la India así como la labor que la FVF ejerce en la mejora de las condiciones de vida de ella, de su familia y de la comunidad.

Pablo Tosco, Oxfam Intermon

Pablo Tosco explica el vínculo entre la fotografía y el documental audiovisual, dos disciplinas convergentes. Su ejemplo es el documental Huellas que no callan, un corto sobre las historias de mujeres víctimas de la violencia en Colombia. El objetivo no es explicar la complejidad del conflicto, sino ejemplificarlo con esas cuatro historias e ir a las causas. Al volver de terreno, cuando revisaba las entrevistas, el fotógrafo empezó a ser consciente de la increíble fuerza de esas mujeres para curarse por dentro, ese término tan en boga ahora de la resiliencia (capacidad de resurgir a partir del dolor). Así, pasan de victimas pasivas a agentes de derecho para dar cuenta de lo que está pasando y exigir responsabilidades. Con este reportaje, no pretendían ser únicamente un altavoz para las protagonistas, sino también intentar denunciar las plataformas que las están silenciando.

GroundPress

Tres de los siete integrantes de este joven colectivo presentan en estas jornadas tres de sus trabajos, que tienen siempre como temática principal el conflicto. Cuando hay un conflicto existen dos partes y ellos toman partido por la más desprotegida, no solo para visibilizarla sino también para dignificarla. Los reportajes presentados por GroundPress fueron:

1) La Nave
El trabajo fotográfico sobre este recinto industrial abandonado en el Poble Nou de Barcelona (ahora la actual 22@) era hogar y lugar de trabajo para toda una comunidad desfavorecida, excluida del sistema. Sus habitantes habían creado este espacio construyeron su propia economía. Pero la propietaria legítima del edificio interpuso una denuncia y acabó ganando el juicio que expulsaba de facto a estas personas. A pesar del trabajo fotográfico de Groundpress para frenar el desalojo, al final no pudieron evitarlo. La promesa del Ayuntamiento de Barcelona de dar papeles a los inmigrantes ilegales ha quedado incumplida.

2) Mineros
Durante tres semanas los fotógrafos de Groundpress trabajaron sobre las movilizaciones de los mineros de Asturias cuando el Gobierno anunció su intención de suprimir las ayudas. Al regresar, se dieron cuenta de que habían documentado únicamente la punta del iceberg, las barricadas, la parte más explicita y superficial del conflicto. Otra fotógrafa del colectivo regresó para hacer el trabajo desde otra perspectiva, explicando más en profundidad la situación de los mineros y sus familias.

3) La voluntad de un pueblo
El objetivo de este tercer trabajo fue romper con la hegemonía del discurso a través de la fotografía, mostrar otro punto de vista de la realidad en Cataluña.

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