Lunes 11 de abril de 2016

Las II Jornadas de Fotografía Social intentan abrir un debate entre el fotoperiodismo y la lucha de las organizaciones civiles. Son muchos los elementos que les unen, entre ellos, el principal, es la de dar visibilidad a las injusticias sociales y voz a miles de personas anónimas excluidas por el sistema. En los últimos años, el fotógrafo social se ha visto más apoyado por este tipo de organizaciones que por los medios de comunicación. Aún así, existen diferencias en la manera de presentar a las víctimas. “Necesitamos un espacio para hacer una reflexión crítica y que las organizaciones nos expliquen cómo se han sentido en relación a los medios”, explica Eduard Bertran, director del Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya. De esto han hablado el fotoperiodista Olmo Calvo, la activista de la PAH Marta Salgot y el fundador de Proactiva Open Arms, Òscar Camps.

  

Olmo Calvo, fotoperiodista. “La historia la tienes que contar desde algún lado y yo he decidido hacerlo desde el lado de las víctimas”

Olmo Calvo remarca su pasado activista porque esta circunstancia le ha definido como profesional. Reconoce haber podido contar con imágenes la historia reciente de España gracias a la complicidad de organizaciones civiles como la Plataforma Afectados por la Hipoteca (PAH), no tanto de los medios de comunicación. Considera que el fotógrafo social es “el más afectado por la precariedad laboral del periodismo”.

Define la fotografía social como “una manera de contar y documentar la violación de los derechos humanos, los dramas, pero también la celebración de la vida: la intrahistoria que no reflejan los medios de comunicación convencionales”.

Olmo Calvo advierte de los peligros a los que se expone el profesional freelance son directamente proporcionales al peligro que corre la población por recibir información manipulada “desde un único punto de vista: el de los grandes medios dominados por intereses económicos” y advierte de la  gravedad de las consecuencias “está en riesgo la democracia”.

Olmo Calvo ha retratado la historia reciente de España tras la crisis económica. Dentro de ella él marca distintas etapas que comenzaron en 2008 con las redadas racistas en Madrid, las manifestaciones del 15-M, las confrontaciones con los mineros y, finalmente, los desahucios.

Actualmente está centrado la cobertura de los refugiados. “La historia tienes que contar desde algún lado y yo he decidido hacerlo desde el lado de las víctimas”.

Marta Salgot, activista de la PAH : “Los desahucios no han pasado a la historia”

La Plataforma Afectados por la Hipoteca es un movimiento ciudadano que nace para luchar por el derecho a una vivienda. Tiene sus raíces en 2005. Actualmente la componen 200 plataformas activas en todo el estado. Marta Salgot era de las que pensaba “esto nunca me sucederá a mí”, pero ocurrió. Fue despedida y no tardó mucho en recibir la orden de desahucio. Y transformó la frustración en lucha activa. “La gente que viene a nosotros siente culpa, miedo y vergüenza. Nosotros le damos la vuelta y convertimos todo esto en compañerismo”, explica. Desde 2008 la PAH ha paralizado 420.000 desahucios y, a pesar de los mensajes optimistas sobre la recuperación, Salgot advierte de que “solo en Barcelona sigue habiendo seis al día. Los desahucios no han pasado a la historia”.

La PAH tiene una estructura asamblearia que lucha contra los desalojamientos desde varios frentes: la dación en pago retroactiva, el alquiler asequible, la paralización de los desahucios, la vivienda social y la garantía de los suministros energéticos. “La PAH es un instrumento de empoderamiento de los afectaos –recalca Salgot- no somos gestores, proporcionamos a la gente herramientas para luchar por sus derechos con seguridad y dignidad”. La activista destacó uno de los grandes logros de su organización en Cataluña tras la presentación el año pasado de una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) en el Parlamento catalán con la que consiguieron que “no puede haber desahucios sin que exista garantía de realojamiento con suministros”.

Òscar Camps, fundador de Proactiva Open Arms. “Hay periodistas con alma y periodistas sin alma”

El recientemente distinguido como Català del any, es un ejemplo de sociedad civil organizada para dar respuesta a una crisis humanitaria. Forma parte del grupo de socorristas de Badalona que se desplazó hace seis meses hasta las costas griegas para auxiliar a las miles de personas que llegaban huyendo de conflictos. Como sucede siempre en estos casos, las mafias repuntan y sacan provecho de la vulnerabilidad, así que organizan los traslados sin las mínimas condiciones de seguridad.

“Determinación, desobediencia y comunicación son las claves de nuestro éxito”, afirma. Camps cree que los fotógrafos y las organizaciones civiles son buenos aliados en la visibilización y denuncia de las injusticias. “Es importante difundir, aunque es importante también saber dónde están los límites de la intimidad”, matiza. Reconoce haber vivido algunas experiencias negativas en terreno como la de un grupo de 14 fotógrafos rodeando a una mujer que lloraba, algo que considera un momento privado, pero “tiene más impacto una mujer que llora que un socorrista salvando una vida. Esa es la imagen que no nos agrada”. Por eso diferencia entre “periodistas con alma y periodistas sin alma”.

Òscar Camps y su equipo viajaron hasta el Egeo para colaborar en las tareas de rescate, pero la situación que describe es totalmente distinta a la que esperaban. La indiferencia de los guardacostas griegos y el Frontex (la agencia europea de control de fronteras) es quizás lo más frustrante. “Nosotros hemos ido a salvar vidas con las mismas barcas en las que llegaban los refugiados y ellos, con sus grandes equipamientos pagados por todos, nos indicaban hacia dónde teníamos que dirigirnos. Una locura”. Proactiva Open Arms ha asistido a 130.000 personas “hemos visto muchas muertes, pero nunca esta inoperatividad y esta ineficiencia voluntaria, legal y política de la UE para socorrer a los refugiados”, concluye.

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